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TAKAYAMA NO OMATSURI


Takayama es una población situada en la zona montañosa de Hida (también conocida como los Alpes Japoneses), en la prefectura de Gifu. La forma más práctica de llegar es meditante los Hida Ltd.Express, trenes JR que recorren la línea Nagoya-Toyama diez veces al día; tardan unas dos horas, y por el camino pueden observarse paisajes únicos por su gran belleza.
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Es en esta tranquila población (aburrida según rezaba el reclamo del cartel de un restaurante local) donde dos veces al año, en primavera (14-15 Abril) y Otoño (9-10 Octubre), tiene lugar un festival considerado uno de los tres más bellos de Japón (junto con el Festival de Gion en Kyoto y el Festival Nocturno Chichibu de Saitama), y ha sido designado por el gobierno nipón como Bien Intangible Folclórico-Cultural.
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El festival de primavera (o Festival Sanno) es en el que los agricultores piden a la deidad protectora de la mitad meridional de la antigua Takayama (Sanno-sama) una buena cosecha de arroz, mientras que el de otoño (o Festival Hachiman) sirve para expresar la gratitud de estos al dios protector de la mitad septentrional (Hachiman-sama). Ambos festivales se originaron a mediados del siglo XVII, y empezaron a utilizar yatai (carrozas) a principios del siglo XVIII. Entre ambos festivales hay unas pocas diferencias; básicamente, en el festival de primavera toma parte un yatai más que en el de otoño, y el templo ante el que tienen lugar los principales actos es diferente, así como la representación de marionetas.
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La población de Takayama (al menos a efectos del festival) está dividida en dos zonas (cada una protegida por la deidad del festival correspondiente), que a su vez se divide en varias unidades llamadas “yatai gumi”, cada uno de las cuales ha sido celosamente reparado y conservado como expresión de solidaridad de grupo.
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En los inicios de esta tradición, los yatai eran desmantelados una vez acabado el festival para poder ser guardados hasta el momento de volver a montarse al año siguiente, pero a medida que iban aumentando de tamaño, y tras un terrible incendio que destruyó la mayor parte de la ciudad, se acabaron construyendo unos almacenes especiales para guardarlos junto con toda la parafernalia asociada. A finales de la era Edo, los ciudadanos más ricos de la ciudad contribuyeron con considerables donaciones para mejorar las estructuras y decorar sus yatai, a los que consideraban símbolos de su estatus dentro de la comunidad, algo que se propagó al trabajo de los artesanos que compitieron para mostrar lo mejor de su arte. De esta forma los yatai se fueron diferenciando, según cada grupo enfatizó más uno u otro aspecto del diseño (decorando más las ruedas, potenciando la harmonía del conjunto, etc.). Actualmente, Takayama posee 23 yatai (12 para el festival de primavera y 11 para el de otoño).
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Personalmente sólo he podido asistir al festival de otoño, así que todo lo que cuente a partir de este momento (y las imágenes adjuntas) es relativo al Festival de Hachiman.
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El primer día se realiza la “plantada” de los yatai en la calle que conduce al templo. No se cuánto debe pesar cada uno, pero la verdad es que agota nada más ver tirar y empujar de ellos para moverlos, y no digamos ya hacerlos girar, que necesitan ruedecitas adicionales y un master en “conducción de yatai” para lograrlo.


Más tarde tienen lugar las ceremonias rituales en el templo y diversas procesiones donde centenares de monjes y habitantes del pueblo vestidos con trajes tradicionales recorren las principales calles del “casco antiguo” al son de los gongs y otros instrumentos de percusión (en estas procesiones se lleva una templete portátil o mikoshi, en el que se supone que va Hachiman-sama).
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Sobre el mediodía tiene lugar la representación karakuri (marionetas), que en el festival de otoño lo realiza el yatai de Hoteitai (en primavera son tres los yatai que realizan la representación: Sambaso, Shakkyotai y Ryujintai). Las marionetas de Hoteitai representan al Sacerdote Hotei, así como a un par de jóvenes (un chico y una chica), que acaban sentándose sobre los hombros del sacerdote, justo antes que se despliegue un estandarte nobori con el mensaje “No alardees de tus grandes virtudes y conocimientos; compártelos con las masas”. En el video se puede ver un resumen de los aproximadamente 15 minutos que dura la representación. Y para quién esté preguntándose cómo lo hacen, el sistema no está para nada automatizado, sino que hay docenas de cables que van hasta el interior de la carroza, donde al menos media docena de personas (son las que yo conté, pero podría haber más) se hacinan para mover los cables.





Después, por la noche, las carrozas son equipadas con docenas de linternas de papel y hacen un recorrido por las calles del pueblo (calles por las que apenas pasan las carrozas, así que no podéis ni imaginaros cómo está la gente que las ve pasar ni a que hora empiezan a buscar sitio).
El segundo día del festival hay más procesiones y se repiten las representaciones de marionetas, pero realmente el grueso del festival tiene lugar el día 9, cuando la población es literalmente invadida por hordas de visitantes llegados en tren y autocar de otros lugares.



Evidentemente, como en todos los festivales japoneses que he podido ver, hay una gran cantidad de tenderetes de comida que se sitúan a continuación de un tradicional mercado matutino que tiene lugar todas las mañanas junto al río. En ellos puedes comer y beber casi de todo: pinchos de ternera de Hida, bolitas de pulpo, pinchos de pollo, y cosas menos japonesas como shawarmas y frankfurts, por poner solo unos ejemplos.

Si queréis una opinión meramente personal, Takayama es un lugar interesante de ver (2-3 días son más que suficientes) si la visita coincide con uno de los festivales, aunque si quieres verlo todo bien es necesario planificarlo con tiempo pues todo está abarrotado. Como ejemplo, decir que para la representación de marionetas estuve esperando desde algo más de una hora y media antes que empezaran, y aún así solo pude situarme en un lugar “adecuado” para no deshidratarme con el sol y ver la representación desde unos diez o doce metros de distancia. Una media hora antes de empezar ya no podía ver el final de la marea humana de gente esperando (más que nada por que los límites de la plaza donde tiene lugar estaban abarrotados
).

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